Lygia Pape, Divisor, 1968. Activación en el Museo de Arte Moderno de Brasil, 1990.

¿Qué es el arte participativo? A partir de cinco obras repasamos las diferentes propuestas y formatos que puede tener este tipo de arte.

De acuerdo con el diccionario de términos de arte de la Tate, el arte participativo es un «término que describe una forma de arte que involucra directamente a la audiencia en el proceso creativo para que se conviertan en participantes del evento». Un tanto ambiguo, el arte participativo se ha relacionado estrechamente con la Estética Relacional, que también supone una participación activa por parte del espectador para que la pieza funcione, pero, más importante aún, apunta hacia una participación colectiva en donde la convivencia rige a la experiencia artística en un momento provocado por los artistas.

A reserva de reflexionar con mayor profundidad sobre las distancias que existe entre el arte participativo y el arte relacional o intereactivo, repasamos cinco obras que nos permiten acercarnos a este tipo de prácticas desde una perspectiva mucho más crítica y de efectos expansivos en la esfera social.

 

1. Mónica Mayer, El tendedero, 1978 – a la fecha

Mónica Mayer es una de las primeras artistas mexicanas en interesarse en el feminismo, así como en la relación entre el arte de activismo. Al menos 20 años antes de que el arte relacional se convirtiera en una tendencia durante la década de los 90, Mayer realizó una pieza que no solo nos permitiría debatir toda la estética relacional, sino que proponía un arte participativo a partir de una pregunta detonadora a partir de la cual la artista, más que una creadora, se convertía en una facilitador que ofrecía a la audiencia el poder y los medios para generar una diferencia.

En su primera aparición en 1978, El Tendedero invitó a las mujeres a escribir en papeletas rosas su opinión a partir de la frase «Como mujer, lo que más detesto de la ciudad es:«. A medida que las mujeres participaban, la pieza se iba activando en términos de sentido y construía una narrativa de expresión de orden público. El impacto de este proyecto ha sido tal que la pieza se ha activado múltiples veces hasta la fecha por solicitud del mismo público. Las frases o preguntas detonadoras está generalmente relacionadas a problemáticas feministas, como la violencia de género, el abuso sexual, la desigualda de género, etc.

 

Mónica Mayer, El tendedero, 1978

Mónica Mayer, El tendedero, 1978 a la fecha

 

2. Pablo Helguera, Librería Donceles, 2013 – a la fecha

Librería Donceles es una librería, como su nombre lo indica, así como una instalación participativa que responde al contexto de una necesidad específica: ofrecer literatura -de cualqueir género- en español a la comunidad hispanohablante de Nueva York, donde se instaló por primera vez en 2013. El proyecto parte del hecho de que en dicha ciudad estadunidense cerca del 25% de la población en total habla español y no existe ninguna librería de viejo al alcance. Desde luego que la librería está inspirada en las icónicas librerías de viejo de la Ciudad de México, específicamente de la calle Donceles de donde toma su nombre.

El nivel de participación que involucta este proyecto surge en diferentes direcciones: Helguera convocó a cualquier interesado, tanto en la Ciudad de México como en Nueva York, a donar libros de cualquier género (música, cine, literatura, geografía, arte, ect.) en español. Más allá de difundir y visibilizar la escritura hispanohablante, el proyecto busca generar un espacio comunitario en activación constante. Hasta la fecha, la Librería Donceles se ha instalado en Phoenix, San Francisco, Seattle, Chicago, Boston y recientemente en Los Ángeles.

 

Pablo Helguera, Librería Donceles en Nueva York, 2013.

Pablo Helguera, Librería Donceles en Nueva York, 2013.

 

3. Lygia Pape, Divisor, 1967

Divisor es considerado una obra clave del arte de América Latina y del neoconcretismo brasileño, así como una precursora -al igual que El Tendedero de Mayer- del arte participativo, entendido no solamente como una activación o una interacción por parte del público. La obra consiste en una enorme tela de algodón con agujeros en distintas partes a través de las cuales las personas pueden introducir su cabeza; su funcionamiento no se puede dar dentro del museo sino en el espacio público, por lo que Pape traslado la experiencia social del arte más allá de la institución artística, lo que en su momento era totalmente una propuesta retadora. La primera vez que se realizó, de hecho, fue con niños de una favela de Río de Janeiro, solicitando a los participantes moverse por la calle en la dirección que ellos decidieran. El curso de la pieza es totalmente indefinido e incontrolado, debido a las diferentes estaturas o complexiones de quienes la habitan, así como por la acción de los distintos cuerpos. De esta manera, la obra de Pape pone sobre la mesa un movimiento que solo puede realizarse en colectivo, respondiendo intuitivamente a las semejanzas y diferencias que existen entre los involucrados, tal como sucede en la sociedad.

Si bien actualmente esta pieza puede ser considerada como interactiva, sus potencias trascienden la mera presencia de un tercero para hacer «funcionar» la obra. Divisor estaba pasado en la práctica pedagógica de Pape, a partir de la cual buscaba detonar el modo de creación conjunta y, sobre todo, el ejercicio de la libertad creativa.

Lygia Pape, Divisor, 1968. Activación en el Museo de Arte Moderno de Brasil, ca. 1980

Lygia Pape, Divisor, 1968. Activación en el Museo de Arte Moderno de Brasil, ca. 1980

 

4. Ilya & Emilia Kabakov, El barco de la tolerancia, 2005 – a la fecha

El barco de la tolerancia es una de las obras de arte participativo con mayor impacto y menor reconocimiento, que se convirtió incluso en una fundación del mismo nombre. El proyecto comenzó en 2005 por iniciativa de los artistas Ilya & Emilia Kavakov, a través de un acercamiento a estudiantes de 6 a 15 años para ser parte de un programa educativo diseñado específicamente para discutir el significado de la tolerancia y cómo las culturas divergentes interpretan la tolerancia y cómo, a su vez, estas interpretaciones se superponen. El programa está a cargo de instructores de arte locales en escuelas, centros de refugiados y museos. Al final de los talleres, los niños crean pinturas que reflejan las ideas de tolerancia, enviando un mensaje al mundo. Se seleccionan ciento cincuenta dibujos para la vela del barco y el resto se colocan en lugares destacados de la ciudad.

El barco se ha presentado desde 2005 en Egipto, Italia, Emiratos Arabes Unidos, Estados Unidos, Cuba, Rusia y Suiza. Su última presentación fue en 2019 para la Bienal de Arquitectura de Chicago.

 

 

Ilya & Emilia Kabakov, El barco de la tolerancia (The Ship of Tolerance), 2005- a la fecha

Ilya & Emilia Kabakov, El barco de la tolerancia (The Ship of Tolerance), 2005- a la fecha

 

5. José Miguel González Casanova, C.A.C.A.O (Cooperativa Autónoma de Comercio Artístico de Obras), 2013

Como una iniciativa del artista José Miguel González Casanova, a la cual posteriormente se sumardon creadores de distintas disciplinas, C.A.C.A.O surgió para proponer microeconomías que permitieran hacer una circulación simbólica de bienes artísticos entre creadores y sus públicos. El proyecto buscó unvestigar, exponer procesos y obras, e incluso conformar nuevos canales de intercambio cultural y simbólico, como el montaje de un Tianguis de productos y servicios culturales autosustentables en el Museo del Chopo. Así, en el Tianguis C.A.C.A.O y la cooperativa como tal, buscó realizar una exploración activa en la construcción de un modelo económico compartido que incidiera en nuestra concepción y relación de producción-consumo.