La naturaleza no es solo uno de lo elementos más enigmáticos de la vida, sino uno de los temas más icónicos en la Historia del arte. ¿Qué es lo que tanto ha obsesionado a los artistas para encomiar por siglos la vida orgánica, la flora y la fauna, lo inaprensible de los fenómenos naturales o el misterioso ser de la naturaleza entera? A través de una serie de obras, reflexionamos brevemente cómo se ha transformado la representación de la naturaleza desde las primeras manifestaciones artísticas y hasta la fecha, y qué dicen estas representaciones de su propio tiempo.

… y luego, tuve naturaleza y arte y poesía. Y si eso no es suficiente, ¿entonces qué lo es?
Vincen van Gogh

 

La humanidad se ha sentido atraído desde siempre por la naturaleza. Desde las primeras manifestaciones artísticas, en lo que hoy conocemos como arte rupestre, la representación de la naturaleza se realizó en cuevas como si se tratara de un registro de lo que los humanos de la «prehistoria» veían en su vida cotidiana: los animales que los rodeaban y que cazaban, signos abstractos, figuras humanas y las dinámicas de vida que tenían para preservar su supervivencia.

Desde entonces, se ha especulado sobre la intenció que hay detrás de la representación de la naturaleza desde el arte. Platón y Aristóteles divagaron sobre la inclinación humana por imitar lo que le era visible bajo el concepto filosófico y estético de la mimesis. Mientras que el primero consideraba que el arte era doblemente falso por tratar de imitar la falsedad que en sí era la realidad, el segundo pensaba que imitar a la naturaleza es el fin último del arte.

 

Desde la época de Mesopotamia, hasta las civilizaciones de la Grecia y la Roma antigua, la naturaleza también fue considerada como la máxima expresión de la belleza y la perfección, por lo que el arte debía apuntar a alcanzar esos valores como bases de sus principios artísticos. La tradición grecorromana tuvo gran impacto que terminó por definir los valores artísticos de prácticamente toda la historia del arte occidental, incluso hasta nuestros días. La belleza aún sigue siendo considerado, aunque sea de manera popularmente, la característica más importante de una obra para ser considerada como arte. Sin embargo, ¿cómo se podía alcanzar la belleza y perfección de un contexto en cuya creación o hubo intervención humana?

Además de estos dos valores, los artistas comenzaron a comprender y a reflexionar en torno al papel que tiene la naturaleza en el acontecere histórico, social y hasta político. Si no era posible aprehender la naturaleza a través del arte, había que acercarse a ella a través de sus enigmas y misterios. Es decir, mientras que en los siglos XVII y XVIII la naturaleza se convirtió en una metáfora de las fuerzas que dominaban el poder político de los hombres, en el siglo XIX la mirada subjetiva y emotiva comenzó a prevalecer para entender lo natural desde el ser de lo humano. La naturaleza no solo era un elemento al que podía conocerse desde la objetividad de los pensamientos científico y político, sino también desde la propia experiencia que se tiene de ella sin desatender la cualidad social de los hombres y las mujeres.

El siglo XX trajo consigo una serie de transformaciones en la mirada gracias a los efectos que la invención de la fotografía y el cine trajeron consigo. Imitar la naturaleza, intentar alcanzar su bellaza y su perfección, o analizar sus potencias históricas ya no era suficiente para seguir aprendiendo de ella y sus múltiples posibilidades. ¿Es acaso posible alcanzar las diferentes acciones y potencias de la naturaleza como si se tratara de un todo?

En la segunda mitad del siglo XX, movimientos como la abstracción, el pop art o el land art, se distanciaron de la representación para apropiarse de la naturaleza desde el detalle y el artificio, o para convertirla en materia prima del mismo arte.

Quizás estudiar cómo ha ido cambiando la representación de la naturaleza a lo largo de la Historia del arte es una tarea ardua, pero no tanto cómo lo es aventurar qué caminos le esperan a este tema. La relación de la tecnología con la naturaleza, con movimientos sociales (como el feminismo) o la nueva era geológica del Antropoceno han capturado la atención de los artistas en al menos las últimas tres décadas. ¿Será que hemos agotado a tal grado nuestra percepción y uso de la naturaleza que al arte le queda imaginar un futuro sin ella?