By Regina de Con Cossío

La semana pasada David Alejandro Hernández intervino el pedestal del conjunto escultórico del Monumento a Colón. Este acto artístico pretendía iniciar un diálogo alrededor de temas como el colonialismo, el genocidio, el esclavismo y el patriarcado. Sin embargo, entre líneas se podía leer una intención más trascendente.

En los últimos 20 años se han puesto en tela de juicio diversos procesos históricos como el papel de la mujer en la sociedad o la relevancia de ciertas comunidades que no habían sido consideradas como parte de nuestro devenir. Para el arte mirar hacia atrás para cuestionar un fenómeno del pasado no sólo se trata de observar críticamente la historia sino también de preguntarse sobre el papel que ese fenómeno representa en nuestro presente.

Todavía recuerdo las palabras de Luis Villoro alrededor de este tema en “El sentido de la historia”:

La historia intenta dar razón de nuestro presente concreto; ante él no podemos menos que tener ciertas actitudes y albergar ciertos propósitos; por ello la historia responde a requerimientos de la vida presente. Debajo de ella se muestra un doble interés: interés de la realidad, para adecuar a ella nuestra acción, interés de justificar nuestra situación y nuestros proyectos; el primero es un interés general, propio de la especie, el segundo es particular a nuestro grupo, nuestra clase, nuestra comunidad.

Desde la ciencia tanto la memoria histórica como la memoria individual han sido dos de los temas más notables de los años recientes. No es que tengamos una serie de recuerdos almacenados en la cabeza a los que podamos acudir como si se trataran de archivos de una computadora. Los recuerdos se ven afectados por los sentimientos y las emociones. Muchos de ellos se tergiversan, se deforman; algunos, incluso, desaparecen. Hay estudios que confirman que lo que recordamos con lucidez podría tratarse de una imagen inventada, algo que nunca sucedió. En el arte contemporáneo el trabajo que los artistas han hecho con archivos funciona de una manera similar. Recoger información, registrarla, ordenarla para darle un sentido. Todos estos actos hacen que el pasado tenga vida, como si estuviera sucediendo ante nuestros ojos. De esta manera, un objeto o un documento histórico (como el monumento de Colón ubicado en el Paseo de la Reforma) puede ser activado para tener vida aquí y ahora.

Algunos medios de comunicación y público de las redes sociales iniciaron una polémica sobre el acto artístico de David Alejandro Hernández. En la mayoría de los comentarios olvidaron mencionar que uno de los propósitos del arte contemporáneo es hacernos mirar ahí donde nadie mira. Para la mayoría de los habitantes de Ciudad de México el monumento a Colón pasaba desapercibido, como si se tratara de un objeto de escenografía. Lo que algunos estudiosos de la comunicación llamarían un signo vacío. Un signo cero. No obstante, a partir de la acción del artista mexicano, los medios de comunicación voltearon a verlo. El público en general emitió una opinión. El signo vacío se fue llenando de significados diversos, activándose.

 

El gesto artístico de David Alejandro Hernández no gira alrededor de una opinión, sino que entiende que el espacio público puede ser activado por un cuerpo, por una acción, y los significados se pueden proyectar en múltiples direcciones.

No se trata solamente de cuestionar el pasado sino de entender sus significaciones en el presente. Acaso como una forma de llenar de sentido nuestras vidas y nuestras historias. Y nuestros mitos. Como menciona Eric Hobsbawm en Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo XX: “La estética no existe en un vacío; en especial, la estética de un movimiento tan profundamente comprometido con el arte en cuanto integrante de la vida cotidiana”. Ese es el fundamento que nos recuerda la acción de David Alejandro Hernández. Sin cuerpo no hay movimiento. Y sin movimiento no hay arte.

__
David Alejandro Hernández (México, 1984) trabaja con performance, escultura y el espacio público. Estudió Artes Plásticas en la UAEMex y fue parte del programa educativo de Soma en la Ciudad de México. Entre 2007 y 2012 realizó un proyecto de inmersión en la práctica de boxeo que lo convirtió en boxeador profesional. Desde entonces, su trabajo explora diferentes medios y temas relacionados con el cuerpo. Uno de los principales intereses de Hernández es cuestionar la relación entre cuerpo y espacio a través de diferentes acciones y dispositivos, con el objetivo de reflexionar sobre temas políticos y sociales.