Objetos, artefactos, animales innanimados, frutas arrancadaas, flores humanizadas, la vida económica y social de los objetos  es representada en su máxima expresión en las naturalezas muertas, una categoría de la pintura que alcanzó el estatuto de género. A lo largo de la historia del arte, este mismo motivo se puede apreciar en composiciones y escenas variadas que revelan la economía y las relaciones sociales de la época. Asi, es típico ver en un óleo de 1600 a una escena campesina de corte feudal, mientras que en el siglo XX  Wharhol pintó sus latas de Campbell como el icono máximo del consumo. Los still life son la vida ordinaria. Es la vida de los objetos, en oposición a la vida de las personas. Los artistas retratan los objetos quietos en “still”, es decir, en una pausa que al mismo tiempo transcurre en el tiempo. Son elementos despojados de su condición natural: las flores de la tierra, los manzanas de los árboles, los peces del mar, para transformarse en objetos de consumo. Paradojicamente, las naturalezas muertas dotan a algo de vida. Al poder observar con tanta realidad los objetos representados por los artistas, pareciera que las manzanas rojas -de Cezanne- aún están en el bosque. Estas escenas sucedían típicamente en espacios interiores y, a pesar de ser composiciones de elementos muertos, dotan de vida toda una escena ordinaria.

Los still life retratan objetos sin movimiento, es decir, sin vida. Por eso su nombre de naturaleza muerta. Su quietud ha pausado el devenir, la actividad y su posibilidad de convertise ultimadamente de ser. De aquí que se conciban como objetos innanimados, no hay un alma o un espíritu activado en ellos. Tradicionalmente son objetos que se usan como instrumentos o cuya esencia ha quedado reducida a una función. El pollo no será más un ser vivo en el bosque, sino un trozo de carne para alimentar. Así quedan retratados animales, frutas, objetos que son contextualizados en escenas interiores. Estas pinturas dieron un motivo para avanzar en la técnica del realismo y para representar temas más alla de la mitología y la religión. Los still lifes o bodegones tuvieron una gran importancia en el siglo XVI y XVII, aunque sus más bellas representaciones se dieron con los impresionistas, con las manzanas de Cezanne o los girasoles de Van Gogh. Por su parte, algunas concepciones icónicas datan del siglo 20 con las latas de Andy Warhol o la instalación de Robert Rauschenberg.

En los still lifes, sin embargo, se puede observar una forma de vida distinta, en su segunda naturaleza -por nombrarla de alguna manera-, en donde se representan las relaciones sociales, económicas y políticas de donde se encuentran. El valor de ser, sustituido por el valor de uso, nos conecta con la capacidad económica de un espacio en el contexto histórico en el que se representa.

Con esta fuente de inspiración en mente, accedímos al espacio de Marmuta, dirigido por el chef Federico Patiño, para explorar los objetos de su cocina, inspirada en los sabores y el clima húmedo de Seattle. La intención primera fue identificar sus ingredientes, plantas y elementos, para posteriormente ensambarlos en una instalación artística contemporánea.

La propuesta curatorial es una colaboración y retroalimentación entre la comida y el arte. Utilizando todos los elementos del espacio, la composición pretende recrear un bodegón que capture los colores, olores y sabores de Marmota.

Caracterizados por el uso de ingredientes naturales, casi arrancados de la tierra, convertidos en inmediata naturaleza muerta, encontramos variantes como hongos silvestres, frutos rojos, eno, eneldo, yogurt. Comer la comida de Federico es remotarse a un día de campo y al olor de la leña, de las brasas. Su cocina no es sofisticada por su pretensión, sino por lo natural y puro de su sabor.

Es Interesante notar cómo el arte piensa también desde elementos tan naturales: está ahí, a disposición de ser vistos y  gozados. Una composición de manzanas naturales. Un jarrón, unos limones. Un mantel. Una charola. Unas copas, vasos. Palas. Tierra. Agua. La naturaleza muerta convertida en un objeto de uso para el hombre. Los still lifes continúan inmortalizados en los lienzos que susbsisten a través de los siglos y la historia del arte.